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¿Cómo se originan los icebergs?

20 de Julio 2017

Los icebergs son enormes bloques de hielo que se desprenden de los glaciares y flotan sobre los océanos. La mayoría nace en la Antártida y en Groenlandia. ¿De dónde surgen estas gigantescas masas de hielo que viajan por los océanos?

La explicación se encuentra en los glaciares que se forman en las regiones polares. Debido a su peso y el efecto de la gravedad, se van desplazando por la superficie en dirección al mar y, cuando llegan él, un fragmento se desprende. En el momento en que una parte del glaciar se adentra en el agua y flota, el hielo se vuelve más inestable y se abren grietas que, poco a poco y con la ayuda de las tormentas, cambios de temperatura y movimientos tectónicos, llegan a la base del bloque y provocan que se formen los icebergs. Una vez en el agua, la menor densidad del hielo (900 kg/m3) en relación al mar permite que floten.

La mayor parte de los icebergs se originan en zonas cercanas a los polos y posteriormente viajan a la deriva (a una velocidad media de 0,7 km/h) hacia latitudes menos extremas empujados por las corrientes marinas, como la de Labrador, que traslada los bloques de hielo procedentes de Groenlandia. Los icebergs pueden tener una vida de hasta diez años antes de quedar derretidos (poco a poco se van desgranando en pequeños trozos de hielo llamados growlers) y llegan a alcanzar longitudes de decenas de kilómetros, aunque sólo una octava parte emerge a la superficie. Esto, unido a su rumbo impredecible, los convierte en un peligro constante para los barcos que navegan por las gélidas aguas de los polos.

La parte superior o masa emergente de los icebergs se compone de nieve poco compacta que se va derritiendo rápidamente y que en ocasiones sirve de plataforma para diferentes especies de aves, pingüinos, osos y focas. La parte sumergida, en cambio, es un bloque de hielo duro, compacto y redondeado por la erosión del agua que puede llegar a tocar el fondo marino, arrasando todo a su paso.

Titanic: la mayor víctima de un iceberg

El célebre transatlántico se hundió tras colisionar con un iceberg durante su viaje inaugural, el 15 de abril de 1912. Murieron 1.514 de las 2.223 personas que iban a bordo. El 10 de abril de 1912, el puerto de Southampton, al sur de Inglaterra, estaba pendiente de la partida del colosal Titanic en su primer viaje hacia Norteamérica. El ambiente festivo y el orgullo nacional por tal demostración de pericia técnica no hacían presagiar lo que ocurriría apenas cinco días después a unos mil kilómetros de las costas de Terranova. A las 23.40 horas del 14 de abril, el buque chocó lateralmente con un iceberg que abrió hasta seis brechas e inundó cinco compartimentos, circunstancia que, según palabras del propio diseñador del barco, Thomas Andrews, que viajaba en él y fue una de las víctimas, iba a causar su hundimiento al cabo de entre dos y cuatro horas. Pese a que la tripulación intentó que no cundiera el pánico, el hecho de que no hubiera suficientes plazas para todo el pasaje en los botes salvavidas sentenció a los viajantes de tercera clase. La imprevisión fue tal que ni siquiera se llenaron los botes lanzados al mar: de las aproximadamente 1.100 plazas disponibles, sólo se aprovecharon 711, principalmente con mujeres y niños de primera y segunda clase. Cuando el buque Carpathia, avisado por las señales de socorro del Titanic, llegó a la zona cuatro horas después del accidente apenas pudo rescatar a los supervivientes de los botes. El coloso había desaparecido bajo las aguas del Atlántico.

El Titanic se hundió a unos 600 km al sur de la isla de Terranova. Justamente, el capitán Edward John Smith había dado la orden de cambiar el rumbo ligeramente hacia el sur para evitar el área de icebergs de esas aguas del Atlántico. Apenas 37 segundos después de haber avistado el iceberg y tras intentar esquivarlo, el transatlántico lo rozó a una velocidad de 22,5 nudos (41,7 km/h). El impacto creó hasta seis brechas en el casco de proa. El agua inundó cinco compartimientos estancos y su peso hundió la proa. Luego la quilla cedió, provocando que el barco se partiera y parte del casco se desprendiera. La popa flotó unos instantes en vertical antes de hundirse.

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