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El Niño: Un fenómeno devastador

15 de Julio 2017

por: Fundación Aquae, centro de referencia, nacional e internacional, en torno al agua.

La hidrosfera y la atmósfera interactúan y establecen un equilibrio entre agua y aire. Cuando este balance se altera de forma drástica, como sucede de forma cíclica entre las costas de Sudamérica y el sudeste asiático, las consecuencias resultan catastróficas. Normalmente, en las costas americanas del Pacífico Sur el clima es muy seco, mientras que las del sudeste asiático cuentan con bajas presiones y un alto nivel de humedad que provoca copiosas precipitaciones. Esto se debe a la acción relativamente constante de los vientos alisios, que empujan las aguas del océano Pacífico de este a oeste, de modo que en la costa americana afloran aguas más profundas y frías. El sudeste asiático recibe esas corrientes cálidas y por eso allí las aguas tienen varios grados más y el nivel del mar es mayor.

¿Cómo actúa El NIño?

Cada cierto tiempo, en períodos que pueden variar de 3 a 7 años, los vientos alisios que llevan las aguas cálidas hacia el oeste disminuyen drásticamente su intensidad o incluso llegan a invertirse, soplando de oeste a este. Como consecuencia de este desajuste, aumenta la temperatura del agua y el ambiente en las costas de Perú y Ecuador, y por evaporación y condensación, se originan lluvias torrenciales, inundaciones, fuertes vientos y alteraciones de la fauna y la flora. Este cambio de patrón climático también afecta al otro extremo del océano Pacífico, en la zona de Australia y el sudeste asiático, donde sufren sequías, altas presiones y bajas temperaturas. Cuando se produce, este fenómeno se inicia a finales de año (el nombre de El Niño con el que los pescadores peruanos lo bautizaron hace referencia al niño Jesús) y tiene una duración de unos seis meses. Al menos en su fase cálida, ya que, en ocasiones, el retorno a las condiciones climáticas habituales conlleva el fenómeno inverso, lo que se conoce como La Niña. Los vientos alisios se intensifican más de lo normal, las temperaturas bajan en exceso y aumenta la presión atmosférica.

Aunque la costa sudamericana y el sudeste asiático son las zonas más afectadas, El Niño está considerado un fenómeno global que altera, aunque sea de manera indirecta, los patrones climáticos de la mayoría de océanos y continentes. El Niño de 2015-2016 activó huracanes en el Pacífico (el huracán Patricia ha sido el más intenso jamás observado en el hemisferio occidental) y trajo consigo fuertes sequías a la zona sur de África y a Centroamérica. Algunos expertos sostienen que este fenómeno puede tener relación con el cambio climático y la mayoría afirman que probablemente incrementará su intensidad en los próximos años.

Las corrientes oceánicas o marinas

Además de jugar un papel fundamental en el fenómeno de El Niño, las corrientes oceánicas ejercen una profunda influencia en todo el sistema climático mundial. Existen dos tipos de corrientes marinas: las superficiales, que vienen producidas por la acción de los vientos (impulsados por la energía solar) y están condicionadas por la distribución de los continentes, con los que chocan, y el movimiento rotatorio de la Tierra (por el efecto Coriolis); y las profundas, que están provocadas por la diferencia de densidad de las aguas, en función de la temperatura y el grado de salinidad. Estas corrientes también se ven influenciadas por la rotación terrestre y la topografía del fondo oceánico. Ambos tipos de corrientes trazan unas líneas de circulación más o menos estables por todo el globo, como si de autopistas de agua se tratara.

Además, existen las corrientes costeras, generadas por el viento que sopla en los litorales, y las mareas, que al subir y bajar por el efecto gravitatorio de la Luna, también crean corrientes marinas.

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